En una reciente intervención en el programa «Del campo a la mesa» de RNE, Jesús Betrán, en representación del Partenariado del Agua del Ebro y decano del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco, ha destacado la necesidad de mirar más allá de las normativas técnicas para centrarse en el verdadero motor del territorio: las personas.
02/07/2026
El agua como sistema circulatorio del medio rural
Bajo la premisa de que el agua es el «sistema circulatorio» de nuestra geografía, Betrán explicó que el Partenariado nace con una declaración de intenciones clara: defender una cuenca sostenible, pero sobre todo humana. En un contexto donde abundan los debates sobre caudales ecológicos y restricciones, el Partenariado subraya que no se puede entender el paisaje sin las personas que lo habitan y lo trabajan.
El regadío: motor de vida y supervivencia
Durante la entrevista, se puso de relieve que el regadío no es solo una cuestión técnica, sino una pieza fundamental de la estructura social de Aragón. Gracias a la transformación de los regadíos, muchos municipios han logrado mantener o incluso incrementar su tejido social y económico.
- Ejemplos de éxito: Localidades en las zonas de Monegros, Bujaraloz o Sariñena han experimentado un gran movimiento económico gracias al agua, asegurando una supervivencia que, de otro modo, estaría comprometida.
La revolución tecnológica en el campo
Betrán también analizó la «transformación brutal» que está viviendo el sector mediante la digitalización.
- Innovación: Actualmente, la tecnología permite a los agricultores gestionar el riego directamente desde sus dispositivos móviles, optimizando el aprovechamiento del recurso y mejorando su calidad de vida.
- Formación y tradición: Esta revolución exige una formación continua del agricultor. No obstante, Betrán recordó que conviven distintas realidades: mientras el regadío moderno avanza, los regadíos tradicionales y las «huertas viejas» mantienen sistemas donde la modernización no es tan aplicable, pero que siguen siendo vitales.
Pese a los avances tecnológicos y la sofisticación de los sistemas, la conclusión es clara: la presencia y vigilancia del agricultor a pie de campo sigue siendo imprescindible para el cuidado de los cultivos.

